En Tierra del Fuego, hablar de “perros asilvestrados” no es lo mismo que hablar de perros callejeros o de perros que se ven sueltos en un barrio. La diferencia importa, porque cambia el riesgo y también el marco legal.
En las últimas semanas, episodios reportados en zonas rurales volvieron a poner el tema en el centro de la conversación pública. Pero detrás de cada caso hay un hilo más largo: cómo un perro doméstico, sin supervisión sostenida, puede terminar fuera del ámbito urbano y formar jaurías.
Perros asilvestrados en Tierra del Fuego
Los perros asilvestrados en Tierra del Fuego son aquellos que se independizan del hombre para su sustento, refugio y reproducción, se establecen en ambientes naturales o artificiales y, según la Ley 1146, se consideran fauna silvestre. La misma norma los declara especie exótica invasora y diferencia esta categoría de los perros sueltos o errantes que aún están vinculados a núcleos urbanos.
| Categoría según Ley 1146 | Definición en términos simples | Punto clave |
|---|---|---|
| Perro supervisado | Depende de una persona y está bajo control o restricción | Hay un responsable identificable |
| Perro suelto o errante | No tiene control directo en ese momento; puede tener dueño o no | Es el “eslabón” urbano del problema |
| Perro asilvestrado o cimarrón | Vive independiente, se reproduce y se sostiene sin humanos; puede haber sido doméstico | La ley lo considera fauna silvestre |
Qué dice la Ley 1146 y qué cambia en la práctica
La Ley Provincial 1146 se sancionó con un objetivo explícito: fijar presupuestos mínimos de protección ambiental para evitar impactos de los perros asilvestrados en salud pública, biodiversidad, producción agropecuaria y actividades al aire libre. En otras palabras, la norma enmarca el tema como más que un conflicto urbano.
Por qué la ley lo trata como problema ambiental y de salud
La ley enumera riesgos que van desde mordeduras y zoonosis hasta daños sobre fauna nativa y pérdidas productivas. No hace falta un escenario extremo para que haya impacto: el “perro suelto” también puede generar conflicto y, a la vez, funcionar como paso previo al asilvestramiento cuando se desplaza hacia zonas rurales o naturales.
En ese punto, la norma introduce una idea central: evitar la presencia de perros sueltos o no supervisados no es solo una consigna de convivencia. Es una medida preventiva para cortar la cadena antes de que se formen jaurías.
Programa provincial y responsabilidades públicas y privadas
La Ley 1146 establece que debe elaborarse e implementarse un Programa de Manejo de Poblaciones de Perros para todo el territorio provincial. La lógica es integral: estándares de tenencia responsable, estrategias de marcado e identificación, control reproductivo, educación y comunicación sostenida, e indicadores para medir resultados como perros sueltos en ciudades, mordeduras registradas y animales esterilizados.
La letra fina también importa por un motivo práctico: diferencia responsabilidades de los tenedores y competencias del Estado. Sin esa distinción, la discusión suele quedar atrapada entre dos extremos que no resuelven el problema: “es solo un tema de dueños” o “es solo un tema del Estado”.
De perro suelto a perro asilvestrado: cómo ocurre el salto

Un perro asilvestrado no “aparece” de un día para otro. El proceso suele empezar con perros que circulan sin supervisión en ámbitos urbanos o periurbanos, se desplazan hacia sectores menos poblados y se integran a grupos. La escala del fenómeno no se mide solo por anécdotas: ya hay estimaciones técnicas realizadas con metodología científica.
Qué muestran las estimaciones urbanas más recientes
Entre octubre y diciembre de 2024 se realizó un relevamiento simultáneo de perros sueltos o de vida libre en Ushuaia, Tolhuin y Río Grande, basado en captura-recaptura fotográfica, una metodología que busca evitar subestimaciones.
| Ciudad | Estimación de perros sueltos o de vida libre |
|---|---|
| Ushuaia | 8.484 |
| Tolhuin | 2.888 |
| Río Grande | 14.361 |
Estas cifras no deben leerse como un “número exacto de perros”, sino como estimaciones con rango de incertidumbre que sirven para seguir tendencias y evaluar el impacto de políticas a lo largo del tiempo. Aun así, aportan un dato clave para entender el fondo del problema: el volumen de perros sin supervisión en ciudades puede convertirse en fuente de emisión hacia el exterior urbano.
Por qué las jaurías elevan el riesgo en áreas rurales
En zonas rurales o naturales, el riesgo cambia por dos motivos: comportamiento y dinámica de grupo. En jauría, los perros pueden adoptar conductas de persecución y ataque con impacto directo sobre producción ganadera y fauna. Además, al no depender de humanos, el control se vuelve más complejo y exige coordinación sostenida.
Por eso la discusión no es solo “cuántos hay”, sino dónde están y bajo qué condición: perro suelto en un barrio no es lo mismo que perro asilvestrado en áreas rurales, aunque el primer escenario pueda alimentar al segundo.
Qué medidas reducen el problema sin forzar el enfoque local
En Tierra del Fuego, la respuesta efectiva suele ser menos dramática y más concreta: cortar la cadena antes del asilvestramiento y, a la vez, sostener acciones coordinadas en territorio. En la práctica, eso se traduce en medidas conocidas, pero no siempre cumplidas de manera consistente.
En ciudades: supervisión, identificación y control reproductivo
Las campañas oficiales vienen poniendo el foco en tres ejes repetidos por veterinarios y áreas ambientales: identificación, castración y supervisión permanente. En términos simples:
- Supervisión: no dejar al perro circular libremente, incluso “solo un rato”.
- Identificación: facilita retorno, reduce abandono efectivo y mejora el control.
- Control reproductivo: baja la presión de crecimiento a mediano plazo.
A esto se suma una dimensión menos visible: la educación sostenida. La Ley 1146, justamente, pide una estrategia de comunicación continua, no solo operativos puntuales.
En zonas rurales y naturales: prevención y coordinación
En ámbitos rurales, la prevención empieza antes de que haya jauría. La lógica es impedir que perros domésticos “se corten” del ámbito urbano y formen grupos estables.
También es el terreno donde se ve más claramente la necesidad de coordinación entre actores: municipios, áreas provinciales, productores e instituciones técnicas. Sin esa coordinación, el problema tiende a moverse de un lugar a otro.
Qué hacer si hay perros sueltos o jaurías
Qué diferencia hay entre perro suelto y perro asilvestrado
La diferencia es legal y práctica. Un perro suelto o errante es cualquier perro sin control directo en ese momento, con o sin dueño. Un perro asilvestrado vive independiente de humanos, se reproduce y se sostiene por sí mismo; la Ley 1146 lo considera fauna silvestre.
Cómo actuar si hay riesgo inmediato para personas o animales
La prioridad es la seguridad. Si hay riesgo inmediato, la acción correcta es pedir intervención de autoridades locales y evitar el enfrentamiento directo. En situaciones de agresividad, acercarse para “ahuyentar” puede aumentar el peligro, especialmente si hay más de un animal.
Qué hacer si los perros están en la ruta o banquina
La regla es evitar maniobras bruscas. Reducir velocidad, aumentar la atención a los laterales y evitar volantazos disminuye el riesgo de siniestro. De noche, el peligro suele crecer por visibilidad y porque algunos animales quedan inmóviles ante luces altas.
Por qué la tenencia responsable aparece como eje en la ley
Porque es la forma más directa de cortar el problema antes del asilvestramiento. Si baja el perro suelto, baja la probabilidad de que se formen jaurías. La ley define tenencia responsable como la obligación de asegurar alimento, contención, atención de salud y buen trato, evitando riesgos para población humana, animal y ambiente.
Qué datos conviene mirar para saber si una política funciona
El indicador no es solo “se hicieron operativos”. Sirven los datos que se pueden medir en el tiempo, como estimaciones de perros sueltos en ciudades, mordeduras registradas, cantidad de esterilizaciones, identificación y variación de la presencia de perros fuera del control humano.
Qué se logra cuando baja el perro suelto
La discusión sobre perros asilvestrados suele estallar cuando aparece un episodio grave. Pero el trabajo que mejor resultado promete es menos visible: bajar la circulación sin supervisión, sostener identificación y control reproductivo, y medir con continuidad.
En Tierra del Fuego, la Ley 1146 ofrece un marco claro para ordenar el debate. La diferencia entre perro supervisado, perro suelto y perro asilvestrado no es un tecnicismo: es la base para entender por qué el problema crece, dónde cambia el riesgo y qué acciones tienen más chances de impactar en el tiempo.
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