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Presas y prostitutas para solucionar la escasez de mujeres

Una reunión de gobernadores de los territorios nacionales patagónicos, incluye en su agenda la problemática de la disparidad de hombres y mujeres en la región.   El tema ya estuvo planteado, a fines del siglo XIX, cuando los pocos pobladores de Tierra del Fuego, preocupados porque no había planchadoras, costureras, cocineras, parteras y por la […]

Una reunión de gobernadores de los territorios nacionales patagónicos, incluye en su agenda la problemática de la disparidad de hombres y mujeres en la región.

 

El tema ya estuvo planteado, a fines del siglo XIX, cuando los pocos pobladores de Tierra del Fuego, preocupados porque no había planchadoras, costureras, cocineras, parteras y por la falta de sexo femenino “qué bueno o malo es un elemento social necesario” –escribía uno de ellos– presionaron para que se enviaran presidiarias, según lo apuntado por Virginia Haurie en su libro “Mujeres en tierra de hombres”.

 

En la reunión, “el gobernador de Tierra del Fuego, Fernández Valdez, pidió la palabra. Carraspeó, adoptó un tono distante y luego de aludir a la frase de Alberdi, “gobernador es poblar”, dijo: La comisión que ha estudiado el problema propone que no solamente se propenda el envío de mujeres honestas, sino también de esas flores del pantano cuyo trasplante a los territorios puede concurrir con eficacia al fin de poblar la Patagonia” (Agencia de Noticias Patagónica APP, 3/11/2008).

 

La comisión encargada de estudiar el tema propuso que para los empleos se diera prioridad a personas con familia, que se enviara a menores para ser colocadas en casas de familias y establecimientos industriales, se promoviera la creación de industrias que utilizaran el trabajo de la mujer y, por último, se autorizara el envío de las mujeres condenadas. La “gobernación de Tierra del Fuego tenía antecedentes: diecisiete años antes, en el vapor Ushuaia, habían llegado desde Buenos Aires las primeras nueve presas”.

 

Antes de finalizar el octavo día de sesiones se ocuparon de reglamentar la            prostitución, que fue tratado con el eufemismo de “servicio fisiológico”. “El debate fue distendido y no faltaron risas ante algunas expresiones vertidas sobre el tema”. Las modificaciones proponían que, en lugar de tres cuadras de distancia respecto de escuelas o iglesias para establecer un prostíbulo, se puedan instalar a partir de los quinientos metros. Se estableció un límite de pupilas por establecimiento y que las prostitutas podrían salir a la calle sólo dos veces a la semana. Debido a que, por la escasa población, “estas mujeres son fácilmente visibles y es de desear que se las vea en la calle lo menos posible”.

 

La votación fue afirmativa, con el único voto en contra del gobernador de Tierra del Fuego.

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